Hay muchas maneras de entender la dimensión de un partido. Por la cantidad de entradas vendidas, por el precio de la reventa, por los hinchas que viajan miles de kilómetros, por las horas de televisión dedicadas a la previa y también por la cantidad de periodistas que están dispuestos a correr para conseguir un lugar desde donde hacer una pregunta.
Este martes, en el último entrenamiento de la selección argentina antes de enfrentar a Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026, me di cuenta de que el partido ya había comenzado.
Los entrenamientos de la “Scaloneta” siempre estuvieron entre los más concurridos durante toda la Copa del Mundo y todos sabíamos el porqué. Periodistas de diferentes rincones del planeta querían ver de cerca al campeón y, sobre todo, a Lionel Messi. Sin embargo, esta vez fue diferente.
"Es sólo un partido de fútbol": qué hay detrás del mensaje de Scaloni y por qué Argentina-Inglaterra moviliza mucho más que una semifinalNo soy bueno calculando multitudes, pero había varios centenares de periodistas y entendí que la mejor manera de dimensionarlo no era a través de un número, sino cerrando los ojos y escuchando.
Se hablaba en español, en inglés, en portugués, en italiano, en francés, en árabe y en otros tantos idiomas más que ni siquiera pude reconocer.
Durante unos minutos, aquel campo de entrenamiento se había convertido en una especie de pequeña torre de Babel del fútbol. Todos habían llegado hasta allí para ver los últimos movimientos de Argentina antes de una semifinal del mundo contra Inglaterra. Y, si era posible, conseguir una declaración; algo que fue bastante más complicado.
La organización había preparado cuatro grupos bien marcados para intentar ordenar la zona mixta por la que iban a pasar Rodrigo De Paul, Alexis Mac Allister y Gonzalo Montiel. Sin embargo había un problema: éramos demasiados los periodistas.
Cuando se habilitó el ingreso, empezó otra carrera. Había que caminar, correr o hacer todo lo que hiciera falta para encontrar un hueco. Y, una vez conseguido el lugar, no abandonarlo por ningún motivo porque dar un paso hacia atrás podía significar perderlo.
Conseguir una declaración comenzó mucho antes de que aparecieran los futbolistas. Primero hubo que esperar más de 40 minutos en el mismo lugar, inmóvil. Al principio bajo el sol y más tarde bajo las primeras gotas de lluvia.
No había demasiado margen para buscar un refugio o para moverse porque cada espacio ganado valía demasiado como para regalarlo.
Para poder llegar a la final de Mundial, Scaloni explicó qué debe recuperar la selección argentinaA mi alrededor seguían escuchándose idiomas de todo el mundo. Había periodistas que probablemente habían viajado miles de kilómetros. Cámaras levantadas por encima de las cabezas, micrófonos perfectamente acomodados por la organización y celulares preparados para grabar. Todos esperando una frase, una respuesta, quizás apenas unos segundos de voz.
Desde afuera puede resultar extraño esperar 40 minutos bajo el sol y la lluvia para hacer una pregunta que probablemente dure menos de 20 segundos. Pero muchas veces este trabajo funciona así.
Detrás de una declaración que después aparece escrita en unas pocas líneas hay una espera, una carrera, un lugar que hubo que ganar y muchas veces un poco de suerte.
Finalmente aparecieron los jugadores y entonces todo aquello que durante más de 40 minutos había sido espera se convirtió en movimiento. Hubo preguntas, señas para apurar los tiempos, cámaras encendidas y periodistas buscando esa frase capaz de convertirse en un título. Fueron apenas unos minutos; después, todo terminó.
Los jugadores pasaron al campo para iniciar la práctica y los periodistas se acomodaron en una coqueta zona de plateas para poder ver los primeros 15 minutos de la sesión.
La dimensión del partido
Más tarde, mientras caminaba hacia la salida pensé que quizás no hacía falta mirar ninguna estadística para entender la dimensión del partido que se viene. Simplemente alcanzaba con haber estado ahí y haber podido escuchar todos esos idiomas. También con haber visto a cientos de periodistas llegados desde distintos lugares del mundo disputándose unos centímetros junto a una valla.
De Machu Picchu al Mundial: el “Inca de la Selección” viajó desde Perú para alentar a ArgentinaArgentina se entrenó como tantas otras veces durante este Mundial, pero esta vez había algo diferente alrededor. El mundo quería mirar y nosotros, cada uno desde nuestro pequeño lugar, estábamos ahí para intentar contarlo.